MORIR EN CASA
Una Asociación Madrileña tiene un sitio de web con ideas muy paracido de los nuestros. Escrito en Castellano. Recomendado.
Ir a www.morirencasa.org.
ADEMAS, LEEN EL SIGIENTE ARTICULO relacionado a los médicos de cabacera. MUY RECOMENDADO
MEDICINA PALIATIVA Vol. 15: N.º 5; 262-263, 2008
Vol. 15 • Núm 5 CARTAS AL DIRECTOR :
p 262
Morir en casa con dignidad
BENIGNO HA MUERTO
Benigno murió anoche, viernes. Benigno tenía 90 años.
Nació, vivió y murió en Canencia de la Sierra. Murió donde
quería morir, en su casa, en su cama, con su mujer al lado.
Nicanora es la mujer de Benigno, hoy ya su viuda. Su amor
por Benigno es de otra época y de siempre. El amor de una
buena mujer por un buen hombre. Nicanora cuidó de
Benigno hasta el último momento con el deseo de que no
sufriera y de que muriera en casa. Benigno no sufrió, y
murió en casa. No tenían hijos, pero sí una familia que les
ayudó de continuo. Además, últimamente también contaba
el matrimonio con ayuda pública a domicilio, en la persona
de Magdalena, competente y cariñosa.
CASO CLÍNICO
Paciente de 90 años que fallece bruscamente, tras el
esfuerzo de ir al baño. Desde el domingo previo a la muerte,
deterioro progresivo, con pérdida de fuerza en extremidades
y minusvalía de desplazamiento, de forma que aunque
pasaba la mayor parte del día en un sillón precisaba de una
o dos personas para ir al baño. Visitado el lunes y el jueves
por la enfermera, y el martes y el viernes por el médico del
pueblo (firmante de este texto). Consciente y bien orientado.
Control de esfínteres sin problemas. El deterioro se
acompañó de edemas en extremidades inferiores, que
empezaron a ceder con aumento de la dosis de furosemida.
Dolores articulares atribuidos a su poliartrosis. En 1986
infarto de miocardio, por enfermedad coronaria que en
2002 llevó a una revascularización e implantación de marcapasos
por bloqueo aurículo-ventricular. Desde entonces,
fibrilación auricular y tratamiento anticoagulante (último
control, el día previo a la muerte, la INR 3,1). Desarrollo
paulatino a lo largo de dos décadas de insuficiencia cardiaca.
Tratamiento apropiado (básicamente, IECA, betabloqueante
y diurético). La noche anterior a la muerte, dolor
en reborde costal anterior derecho, acompañado de timpanismo
abdominal. Atendido por el servicio de urgencia y
tratado con hioscina. El mismo viernes, atendido por el
médico del pueblo (acompañado por una residente de Medicina
de Familia), timpanismo abdominal, tos, no fiebre,
dolor mal definido en reborde costal con estertores en base
derecha, que se juzga como inicio de neumonía y se trata
con antibiótico (amoxicilina/clavulánico). El paciente
mejora por la tarde, y antes de acostarse pide ser ayudado
para ir al servicio. Se siente mal al terminar y la sobrina y la
esposa que le estaban ayudando lo llevan a la cama, y llaman
al 112 y al médico del pueblo. Llega primero el segundo,
pero ya sin posibilidades de intervención, aparte de consolar
a la esposa y la familia, certificar la muerte y anular el
aviso al 112.
ALTA TECNOLOGÍA
Consta en la historia clínica, el 13 de julio de 2007, que
el médico del pueblo le dejó su teléfono personal a Nicanora
para que pudiera llamarle en cualquier ocasión y
momento. Lo hizo en una de las visitas a domicilio de rutina
ante el progresivo deterioro de la situación del paciente,
y dada la consideración de su situación como terminal. El
número del teléfono personal del médico de cabecera “no
entra por el Seguro”, pero es “alta tecnología”, un arma
terapéutica definitiva para tranquilizar a la familia del
paciente terminal que desea firmemente que el paciente
fallezca en casa. Nicanora dudó y no lo utilizó la noche previa
a la muerte. La sobrina no dudó en utilizarlo la noche
de la muerte. Contar con “su” médico, oírlo llegar antes
que ningún otro servicio urgente, recibirlo y dejar en sus
manos las cuestiones más duras e inmediatas en torno a la
muerte es algo que consuela hasta extremos difíciles de
explicar. No es comprobar la muerte, no es ofrecer el hombro
al llanto desconsolado y sereno de la ya viuda, no es
reconocer en público el trabajo incesante y constante de la
misma para su marido, ante los primeros vecinos y familiares
que se acercan al velatorio espontáneo, no es demostrar
empatía y consolar a los que sufren ante lo irreparable: es
todo ello y mucho más.
MORIR A DESHORA
¡Ojo con la hora de morir! Morir fuera del horario laboral
del médico de cabecera, sobre todo en fin de semana, es
muy inconveniente. Puede que el médico de urgencias no
lo vea claro, o tenga “por norma” no certificar. Puede que
tengan que venir el juez y el forense. Puede que la Guardia
Civil precinte y custodie la casa. Puede que una familia
sufra el horror de no tener un médico “conocido” que certifique
la muerte y evite todo el horror previo descrito, que
se suma al dolor de la muerte del ser querido. Puede que
quepa el descrédito de una familia que dio todo en vida por
el paciente terminal. Puede que haya quien, en el pueblo
y/o vecindad, piense que “vaya usted a saber, si ha tenido
que venir el forense…”.
MORIR EN CASA CON DIGNIDAD
Las muertes de cientos de pacientes terminales en
urgencias del hospital de Leganés son un aldabonazo en la
conciencia de profesionales y pacientes. Pero no por su eco
mediático ni por la indignidad de las intervenciones políticas
consiguientes, sino por el propio “morir en urgencias”.
Urgencias no es un lugar para morir. Muchas veces, además,
los pacientes mueren incluso más indignamente, en
las ambulancias, en medio del trajín de ir y volver de
urgencias al domicilio, y del domicilio a urgencias.
Hay pocos derechos, pero uno debería ser poder elegir,
al menos, el lugar para morir, y el servicio sanitario organizarse
para hacer posible que en ese lugar se muera con dignidad.
No se trata de duplicar servicios, ni de inventar más
“equipos de terminales”, sino de lograr que se impliquen
los médicos y enfermeras “naturales”, los de cabecera.
Tener el teléfono del médico de cabecera, y tenerlo localizado
las 24 horas, es sólo un ejemplo del uso racional de tecnología
que facilita el morir dignamente en casa. Hay
muchas otras aplicaciones y formas de organización para
conseguir el mismo objetivo. Habría que tener en cuenta,
claro, el múltiple apoyo a la familia, y dotar de autonomía,
autoridad, responsabilidad y capacidad de coordinación al
médico de cabecera.
¿Nos ponemos a ello los profesionales de Atención Primaria
de España? ¿Pasamos de “mirar para otro lado” a
“mirar de frente” al problema?
COMENTARIO FINAL
En el caso práctico comentado, el teléfono funcionó
también para localizar a la farmacéutica del pueblo, de forma
que fue rápido y sencillo el conseguir el certificado de
defunción. Los servicios sanitarios son mucho más que la
estructura pública. Son una impresionante red que aporta
un inmenso “capital social”.
Hay instituciones que han demostrado interés por la
propuesta de “morir en casa con dignidad”. Convendría que
los médicos generales/de familia, las enfermeras, los farmacéuticos
comunitarios, los trabajadoras sociales, los gerentes
y otros profesionales implicados nos comprometiéramos
para elaborar propuestas que hagan posible, al menos,
morir en casa con dignidad (también debería ser posible
nacer en casa con dignidad, pero esa es otra historia).
Si crees que hay un futuro para la Atención Primaria de
calidad, si crees que es indigno morir como norma en
urgencias (o en las ambulancias), si crees que vale la pena
hacer posible morir en casa con dignidad, difunde este texto
y propón y exige medidas al respecto.
J. GERVÁS
Médico de Canencia de la Sierra, Garganta de los Montes y
El Cuadrón, Madrid. Equipo CESCA. Madrid
La situación es real, pero se han cambiado nombres y algunas características
para obviar la identificación.
Se autoriza la libre difusión y publicación de este texto en forma íntegra, y
comunicándolo al autor.
henry on April 26th 2008